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Sobre fotografías en Gaza y sensibilidades heridas…

Ayer cuatro niños palestinos jugaban al fútbol en una playa de Gaza cuando fueron acribillados por la artillería lanzada contra ellos por un buque de guerra israelí. Los fotorreporteros no andaban lejos, por lo que no tardaron en aparecer las durísimas imágenes mostrando las consecuencias de dicho ataque, tanto en prensa como en las redes sociales. Hubo quien las compartió sin más aviso, hubo quien avisaba de que las imágenes podían herir la sensibilidad del espectador, hubo quien se quejó por la crudeza de las mismas, hubo quien pasó de largo por ellas y hubo cierto debate sobre la conveniencia o no de mostrar dichas imágenes.

¿Hieren dichas fotografías la sensibilidad de quien las ve? ¡Espero que sí! Se trata de imágenes de niños muertos violentamente, joder, tienen que hacerlo… Lo grave y preocupante sería que no hiriesen sensibilidades, que estuviésemos todos ya tan anestesiados con la proliferación de imágenes de este tipo que nos diesen igual, que pasasen sin pena ni gloria por delante de nuestros ojos sin remover siquiera un poco nuestras conciencias. Decía Susan Sontag que “El impacto ante las atrocidades fotografiadas se desgasta con la repetición (…)” y sé que en gran parte tiene razón, pero me resisto a pensar que hemos llegado a un punto tal en esta sociedad, en el que podamos ver esas fotografías como quien ve una película de ficción.

¿Deben mostrarse este tipo de imágenes? Sí. Uno de los grandes poderes de la fotografía es que tiene la capacidad de mostrarnos imágenes dotadas de gran veracidad (a pesar de que puede utilizarse también para todo lo contrario), imágenes cuyo impacto es mayor que la mera narración de la noticia, imágenes capaces de generar en el espectador sensaciones que, aunque sea remotamente, pueden asemejarse a la visión del hecho en sí.

¿Deben mostrarse estas fotografías fuera de contexto y por el mero afán de enseñarlas? No. De igual forma que la fotografía puede complementar y enriquecer una noticia, es el texto periodístico o político que acompaña a la fotografía el que, en la mayoría de las ocasiones, dota de un significado u otro a la misma. Enseñar unos cuerpos mutilados sin hablar de las circunstancias que los han provocado sólo conduce al morbo, a la búsqueda de carnaza y a la posterior anestesia por acumulación de imágenes truculentas. Si lo que se busca es informar acerca de lo que ha pasado, un texto veraz y lo más completo posible acerca de la noticia puede ser suficiente, las fotos duras pueden estar de más. Hay que ir más allá de la mera información puntual para que este tipo de fotos cobren fuerza de verdad y puedan despertar al observador de su letargo y movilizar a la sociedad. Hay que romper esa distancia, esa observación aséptica y profundizar en las circunstancias políticas y en las estrechas relaciones existentes entre nuestras instituciones y quienes han provocado esa matanza. Cuando esa culpabilidad nos duela de verdad como sociedad, tal vez seamos capaces de evitar que este tipo de hechos se repitan, y no tendremos que quejarnos porque alguien ha puesto en Facebook o en Twitter una fotografía que nos “hería la sensibilidad”.

Nota: He enmarcado el texto en los acontecimientos de ayer porque son las fotos de este tipo más recientes que tengo grabadas en la retina, pero lo mismo podía haber hablado de las fotografías de las hambrunas de África, de las de un atentado terrorista, o incluso de cómo las fotografías de un herido en un encierro pueden ser utilizadas para concienciar sobre la importancia de cumplir las normas de esa carrera. Por eso mismo no quiero que, si surge algún tipo de debate, sea acerca de palestinos, sionistas, etc., éste pretende ser un blog de fotografía, no de política.

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